Una guía fácil para entender a tu cliente directo en traducción
Muchos de nosotros soñamos con tener (varios) clientes directos como una manera de independizarse de las agencias de traducción. Sin embargo, la mayoría de nosotros no estamos acostumbrados a lidiar con este tipo de clientes y cometemos errores que al final pueden alejar a ese potencial cliente de nosotros. Creo que esto se debe a una gran incomprensión en cuanto a lo que es un cliente directo. Ese es el motivo de esta entrada: un ejercicio de comprensión sobre qué es un cliente directo.
QUÉ NO ES UN CLIENTE DE TRADUCCIÓN
En primer lugar, debemos saber lo que NO es un cliente de traducción:
1)
Un
trabajo de oficina en el que tu candidatura está compitiendo contra la de
otros.
Aunque esto es así en muchos casos, un cliente de
traducción no es el típico trabajo en el que tú estás ocho horas al día en una
oficina encadenado al frente de la computadora. Esto es especialmente
importante para definir la estrategia que debemos usar al momento de ofrecer
nuestros servicios: nada de cartas de buenas intenciones en las que solo se
muestra lo mucho que se ha hecho sino el cómo puedes tú ayudar a esa entidad o persona a solucionar su problema o necesidad.
2)
Un
puesto de trabajo en el que te van mantener ocupado cuarenta horas a la semana.
Esto lo mencioné con anterioridad, pero este
mantra te permite establecer tus tarifas, calculadas en torno al hecho de que podrías o no tener trabajo al día siguiente después de entregar tu proyecto, por lo que se hace imprescindible cobrar
de forma tal que te permita vivir lo suficientemente cómodo hasta que llegue el
siguiente cliente (en otra publicación
hablaré sobre la regla de los tres días).
3)
Un
empleador que conoce cómo es tu trabajo (y los presupuestos, limitaciones y
complejidades del mismo).
Aquí corresponde entonces un trabajo de educación
por parte del traductor, quien debe hacer ver al cliente el por qué su trabajo
vale lo que se está cobrando, los tiempos de duración razonables en los que se
puede desarrollar el proyecto y los límites de la labor del servicio (sobre
todo cuando se maneja clientes directos).
4)
Un
empleador que te pagará un salario justo y que comprende por qué de tu precio.
Como cliente, estará buscando la mejor calidad al
precio más bajo (cost-effectiveness). Es tu deber como traductor educarlo al
respecto y mostrar el valor agregado que representas tú y tu marca. Incluso,
para clientes de bajos presupuestos, puedes ofrecer servicios de bajo
presupuesto (hablaré de eso en otra
entrada) y ofrecer un abanico de opciones de precios para cada uno, según
convenga, sin bajar, claro está, de una tarifa que sea lo suficientemente
decente para vivir (ver entrada sobre el
corte del barbero) y siempre que consideres otros aspectos como posible
colaboración a largo plazo, relevancia del cliente, interés en el proyecto,
perspectivas que abre ese cliente en el mundo profesional, entre otros aspectos.
5)
Un
empleador en el que asciendes posiciones según la antigüedad.
Creo que esto es muy importante a la hora de
establecer tu tarifa, pues tu cliente no estará propenso luego a dar un gran
salto en ella, a no ser que justifiques que tu valor de servicio ha subido (vean la entrada sobre el valor agregado en
la traducción que haré próximamente).
QUÉ SÍ ES UN CLIENTE DE TRADUCCIÓN
Hemos visto lo que NO es un cliente de traducción. Ahora veamos lo que SÍ
es un cliente de traducción:
1)
Es
una entidad, persona, institución o empresa que tiene necesidad de un servicio profesional.
Este es el primer punto a considerar cuando
ofrecemos un servicio de traducción: el cliente está buscándote porque tiene
una necesidad de tus servicios y cree que tú la puedes cumplir (o tú quieres
hacerle ver que la puedes cumplir). Por ende, es menester que te presentes como la persona idónea para resolver su
problema y no como una persona que
solo ha hecho cosas relacionadas a lo que él necesita.
Por ende, si logras mostrarle que tú puedes
resolver su problema a un precio
razonablemente equivalente al valor que le ofreces por tu servicio, estarás
más cerca de conseguirlo.
Es
una entidad, persona, institución o empresa que no entiende bien lo que necesita.
Cuando vamos al médico, necesitamos saber lo que
tenemos y esperamos que el profesional de la salud nos explique lo que
necesitamos para curarnos lo antes posible. Igual sucede en la traducción: en
muchas ocasiones, sobre todo cuando se trata de clientes directos, los clientes
no entienden lo que necesitan exactamente. Ellos solo saben que necesitan
traducir algo hacia un idioma, pero no entienden ni las complejidades ni lo que
se necesita para que se realice completamente el servicio.
Por ende, al igual que hace el médico cuando
padecemos de una enfermedad grave, debemos advertir al cliente sobre la
dificultad que tiene el realizar su proyecto, los plazos de entrega y la tarifa
justa al proyecto, incluso a riesgo de que esta pueda ser muy alta para
realizar el proyecto (para eso el
abanico de precios del que hablé con anterioridad). Igualmente, al igual
que esperamos que el médico no nos envíe a quimioterapia por una gripe, debemos
ser lo suficientemente profesionales para decirle que solo necesita traducir
una pequeña parte del texto (o nada), incluso si eso nos priva de lo que podría
ser un ingreso extra; el profesionalismo implica precisamente eso.
Ya definido qué es el cliente, podemos establecer una estrategia para
ofrecer nuestros servicios:
1)
Diagnostica
su problema y ofrécele solucionarlo.
Sencillamente, dile lo que necesita para resolver
su problema y cómo tú puedes ayudarlo en eso. Hazle saber que en tus manos está
la solución y que puede confiar totalmente en ti como su proveedor de
servicios.
2)
Cuéntale
cómo tu experiencia puede ayudarlo con su problema.
Aunque no se trate de la típica carta de
credenciales para un trabajo fijo, el hecho de que tengas experiencia en el
área que necesita le da garantía de que tú sabes cómo resolver su problema.
Explica cómo tus experiencias pasadas te permitirán brindarle el servicio que
espera.
3)
Ofrécele
un abanico de opciones de precios que le den facilidad de pagos.
Háblale de plazos y explícale por qué de los
lapsos. Háblale de tus servicios, y explica clara y concisamente lo que implica
cada uno. Ofrécele varios precios dependiendo de varios factores como el tiempo
de entrega, el volumen de traducción y otros servicios adicionales que ofrezcas
como traductor. Si lo consideras adecuado, ofrece incluso facilidades de pago.
Lo importante es que el cliente sienta que recibe un buen servicio a cambio de
su dinero.
En las próximas entradas intentaré hablar sobre las agencias de traducción,
la carta de presentación y el currículo de traducción.
Espero sus comentarios y poder compartir opiniones al respecto.
¡Hasta una próxima entrada de Traducir y Divertirse!
¡Hasta una próxima entrada de Traducir y Divertirse!

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